Hoy hablaremos del Plagio creativo como técnica para todo escritor.

Una misma historia puede ser contada de muchas maneras, y la recreación de argumentos conocidos ha sido, desde la antigüedad romana hasta la actualidad de los estudios de Hollywood, una de las técnicas de creación más poderosa y más utilizada por todos los escritores a lo largo de la historia.

Esquilo, Sófocles y Eurípides y el resto de los dramaturgos griegos fueron plagiados sin remordimiento por los romanos Terencio y Plauto, y mucho más tarde por Molière. De Don Juan Tenorio existen decenas de versiones. De Caperucita, cientos. Ese sistema de trabajo (inspirarse en autores previos) no es algo que pertenezca sólo a la antigüedad clásica, porque los remakes de películas, concursos de televisión y canciones son una de las principales fuentes de inspiración de cineastas, guionistas y grupos musicales. En este sentido habría que darle la razón a Susan Sontag cuando, en su ensayo Contra la interpretación, afirma que hoy en día lo que importa en el arte no es el contenido, tema o argumento, ni la historia en sí misma, sino el estilo o el tono en que está narrado, en cómo se cuenta esa historia (o se filma, o se canta). Pues bien, ya hace más de veinte siglos los escritores romanos lo sabían. No hay nada nuevo bajo el sol.

“Lo que no es tradición es plagio”, dice una frase sobradamente conocida. Si cambiamos el espacio, el tiempo, las anécdotas, las descripciones y los diálogos que de los personajes, la historia pasa a ser nuestra, por más que el argumento no haya sido inventado por nosotros. “Todo el mundo empieza plagiando. Yo empecé escribiendo novelas del Oeste”, aseguró Gonzalo Torrente Ballester.

Al transformar una fábula, recreándola según nuestra propia versión, nos podemos permitir cambiar el final, introducir nuevos personajes, ambientarla en otra época, modificar las intenciones de unos u otros, utilizar otro punto de vista, y hasta meternos nosotros mismos en su interior como un personaje más. Ejemplos que podrías poner en práctica: El dr. Jekyll y Mr. Hyde se convierten en una pareja de policías que trabajan juntos en Dublín. Romeo y Julieta son dos deportistas que juegan en equipos enfrentados durante las olimpiadas. Don Quijote y Sancho Panza son vendedores de enciclopedias a domicilio en Andalucía. La historia continúa…

El plagio creativo, entendido como reescritura de una misma historia desde otra óptica, con otras intenciones, desde otro ángulo, no sólo no es ilegal, sino que constituye una de las herramientas más valiosas y poderosas de la creación artística. Otra cosa muy distinta es el plagio sin más, la falsificación de firmas, la apropiación de una obra, el robo. Si yo copio literalmente lo que otro ha escrito, y lo firmo con mi nombre, no estoy reconstruyendo literariamente una historia: la estoy robando. Cualquiera puede notar la diferencia entre copiar, falsificar, robar o plagiar, de un lado; y releer, reconstruir, reelaborar o reescribir, de otro. Lo primero no tiene nada que ver con la creación literaria, sino con un delito tipificado en el Código Penal, igual que robar un coche o atracar una farmacia.

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